Enfermedad mental y consejos erróneos

Probablemente, si miras a tu alrededor, conozcas personas que han padecido o padecen actualmente una enfermedad mental. Un familiar, un/a amigo/a, la pareja, un/a compañero/a de trabajo pueden ser algunos de ellos/as. El apoyo de los demás es muy importante para la recuperación. Contar con la compañía de familiares y amigas/os proporciona protección y seguridad a la hora de afrontar estas vivencias. No obstante, el saber cómo ayudar a alguien que sufre una enfermedad mental no es tarea fácil. A veces, se generan sentimientos de impotencia al pensar que no se tienen los recursos suficientes para ofrecer una ayuda de calidad a la otra persona. Otras veces, se puede sentir miedo a equivocarse. Este temor puede llevar al alejamiento del problema. Asusta lo desconocido, se teme hacerle más daño y llega la distancia. Esto no beneficia en absoluto a la recuperación, la persona podría vivirlo como rechazo y abandono, empeorando más los síntomas. ¿Cuáles son los errores más frecuentes que se dicen a la hora de aconsejar a una persona con enfermedad mental? “Tú solo intenta ser positivo. La positividad es la solución” Es posible que una gran mayoría de las personas con enfermedad mental intenten buscar el lado positivo de lo que les sucede. Lo intentan. Pero desgraciadamente, es mucho más complejo. Es una alteración de tipo emocional, cognitivo y/o de comportamiento en el que están afectadas funciones cerebrales. No es una actitud negativa hacia la vida que puede solucionarse con cuatro frases de autoayuda. Este desajuste no es culpa suya. El decirle a alguien “sé positivo” es como decirle que sigue siendo negativo. Esta persona intenta luchar contra la enfermedad lo mejor que puede o que sabe en ese momento. Escuchar ese tipo de frases por parte de sus allegados no ayuda. Les empuja un poco más al pozo y aparece la incomprensión. “Yo también he pasado por lo mismo, pero no dejé que esos problemas controlaran mi vida” Cada vivencia es particular. Los recursos personales, habilidades de afrontamiento y causas del problema son individuales. El que alguien haya podido resolver su situación de determinada manera, la cual no tiene por qué haber sido la más adecuada, no significa que la otra persona no lo haga porque no quiera. Aun así, sus problemas son diferentes y el realizar comparaciones o centrar la conversación en una historia ajena no ayuda a aliviar su sufrimiento. La otra persona necesita ser escuchada y exteriorizar su dolor. Es más conveniente ayudarla a desahogarse y a encontrar soluciones, poniéndonos en su lugar e intentando comprender el motivo de su problema. “No te quejes tanto, hay personas que están peor que tú. Piensa en lo bueno que tienes” Es cierto que hay personas que no tienen nada que llevarse a la boca, que no tienen un hogar, que viven situaciones de guerra, por decir algunos casos. Esto es profundamente doloroso, no hay duda que quepa. Sin embargo, el decir esto no va a provocar que espontáneamente y de forma mágica se reduzca su enfermedad mental. Se produce un efecto contrapuesto, la persona siente que se desvalorizan sus problemas y sufrimiento generando, en consecuencia, más dolor e impotencia. “Tú lo que tienes que hacer es más ejercicio y comer sano” Ojalá fuera tan sencillo. Es cierto que mantener unos hábitos de alimentación y ejercicios adecuados reportan numerosos beneficios para la salud, se tenga una enfermedad mental o no. Esta sugerencia seguramente esté cargada de buenas intenciones. Sin embargo, para alguien que sufre una enfermedad mental no es lo mejor que se les puede decir para ayudarles. Trivializar su problema y restarle importancia no les va a hacer sentir mejor. Incluso puede generarles sentimientos de culpa por no llevar ese tipo de vida saludable. “Pasa página. Supéralo” Una enfermedad mental es un problema serio. En ocasiones, la escasez de recursos personales y de habilidades hace que quien lo padece se encuentre en una espiral de la que no puede escapar por sí mismo. Por ello, el recibir ayuda profesional es muy importante para empezar a encontrar una salida a este problema. En el caso del tratamiento psicoterapéutico, se proporcionarían estrategias y herramientas para que la persona pudiera hacerles frente. Quizás hayas podido identificarte con alguna de estas frases o quizás no. En cualquier caso, cuando quieras ayudar a alguien con enfermedad mental, piensa que esa persona necesita tu cariño y comprensión más que nunca. A lo mejor para ti, su problema no es tan importante, te parece sencillo de solucionar o piensas que en su situación tú habrías hecho tal cosa o tal otra. Distánciate por un momento de tus vivencias, de tu propia visión de su situación, de tus momentos de dolor. Tal vez, así consigas realmente ayudarle si intentas ponerte en su piel. Y recuerda, a veces no hacen falta palabras para ayudar. Si no sabes qué decir, abrázale.
Aprende a aceptar la incertidumbre

Renunciar a los objetivos que se tengan, acomodarse a ellos o ser inflexible no son buenas estrategias para el crecimiento personal. Si el camino inicial se ve truncado, es el momento de explorar nuevos terrenos, de indagar en nosotros mismos para encontrar una solución mejor. Es hora de detenerse, dedicar un tiempo para la reflexión, tomar conciencia de lo que sucede. Sentir que tenemos el control de la situación nos aporta confianza y seguridad. Intentamos controlar nuestra planificación de vida para que ningún imprevisto aparezca, y, que en definitiva, no nos haga salirnos del camino que tenemos establecido. Sin embargo, cuando esto último sucede las dudas y miedos entran en juego. Se originan emociones como el enfado, la preocupación o el estrés. Este control absoluto y temor al cambio, se traduce en una vida sometida a la incertidumbre. Es importante detenerse y darse cuenta de que no podemos tener todo controlado. La incertidumbre forma parte de la vida. Siempre podrán suceder situaciones que pueden obstaculizar los proyectos iniciales. El seguir manteniendo estos primeros planteamientos nos genera malestar y tensión al no poder llevarlos a cabo. Un cambio de perspectiva, tomar riesgos, considerar otra opción o tener una actitud paciente pueden ser las claves de lo que la situación nueva plantea. ¿Cómo afrontar la incertidumbre? Intentar eliminar estos obstáculos manteniendo la postura inicial nos sume en el cansancio. Debilita nuestros recursos personales e impide potenciarlos. Experimentar otros senderos nos permite adoptar nuevas actitudes y utilizar nuestras capacidades para probar mejores soluciones. Saber esperar hace valorar los sucesos desde la calma evitando los comportamientos impulsivos y nos ayuda en la búsqueda del equilibrio. El tiempo dedicado a la observación de lo acontecido da pie a la reorganización de ideas, al afloramiento de la intuición, a examinar qué es lo que la situación demanda y qué es lo que realmente podemos hacer ante ella. Este punto de vista nos mantiene en una posición activa y de confianza, nos aleja de la intranquilidad, tomamos el control de nuestros pensamientos, emociones y conductas, de nuestro ser. Resistirse al problema y al cambio hace que la incertidumbre persista. Aceptarla, permite hacerle frente y cambiar de perspectiva. No dejes que el estrés y la indecisión tomen el control de tu vida. Deja que fluya, no te resistas. Amplia tu horizonte.
El paso del tiempo, percepción y emociones

La evaluación personal del paso del tiempo y las emociones que sentimos durante este proceso influyen en nuestra forma de situarnos ante la vida. Estos factores tienen consecuencias en nuestra salud física y mental. Cuando realizamos actividades que nos resultan entretenidas, absorbentes, motivantes o novedosas y en las que centramos toda nuestra atención, experimentamos una sensación subjetiva de que el tiempo se acelera. Por el contrario, cuando realizamos actividades aburridas, poco interesantes, nos encontramos enfermos, cansados o impacientes, sentimos que el tiempo se enlentece. Percepción del paso del tiempo y emociones están estrechamente relacionadas y lo hacen de forma bidireccional. El encontrarnos ante una situación en la que percibimos falta de tiempo para realizarla, suele despertar en nosotros emociones negativas como la ansiedad y el estrés. Esto podría suceder, por ejemplo, al creer que no vamos a poder finalizar todas las preguntas de un examen o cuando pensamos que no vamos a llegar puntuales a una reunión importante de trabajo por encontrarnos en un atasco de tráfico. ¿Cómo pueden influir nuestras emociones en la percepción subjetiva del paso del tiempo? Según nuestras emociones producimos sesgos en la valoración temporal. Por ejemplo, cuando estamos ansiosos por la llegada de una persona o noticia y sentimos que hemos estado esperándola mucho más tiempo del que realmente ha transcurrido. Además de estos factores emocionales, nuestras experiencias previas y otros procesos cognitivos como la memoria y la atención, influyen a su vez en la percepción temporal. La estimación que hagamos del paso del tiempo dará lugar a una determinada forma de comportarnos frente a lo que sucede y de responder a las demandas del entorno. La resolución de conflictos, toma de decisiones, planificación de futuro y comprensión de los demás variarán dependiendo de nuestras sensaciones. A continuación, para ilustrar el contenido de la entrada os dejamos con esta obra del artista Mihai Criste (Rumanía 1975).
Estrés vacacional, causas y prevención

El descanso que suponen las vacaciones, el cual es más amplio en los meses de verano, es deseado por muchos durante el año. No obstante, para otros, el dejar a un lado su habitual nivel de actividad, ya sea porque sean personas de naturaleza activa o porque tengan trabajos estresantes, puede suponer un problema y desembocar en la aparición de estrés vacacional. A estos últimos, les invade una sensación de malestar, se encuentran desorientados. No saben cómo ocupar su tiempo o por el contrario lo tienen claro pero no paran de darse exigencias y de programarse demasiado. Este fenómeno es conocido por los expertos como “estrés vacacional” o “bajón veraniego”. El desprendernos de la comodidad y seguridad que nos proporciona la rutina diaria, hace que pueda tambalearse nuestro bienestar al estar acostumbrados a un nivel de actividad elevado el cual en vacaciones no vamos a mantener. ¿Cómo evitar que aparezcan estos inconvenientes y el consiguiente estrés vacacional? Se recomienda espaciar y repartir las vacaciones en periodos más pequeños de descanso, como por ejemplo, de un par de semanas. El organizar los preparativos para el viaje con tiempo también evita que nos pongamos aún más nerviosos al tener que planificar todo en el último momento. Además, es importante que tengamos unas expectativas ajustadas acerca de lo que esperamos hacer durante el viaje. Es decir, no intentar abarcar mucho en poco tiempo lo cual solo nos va a incrementar la ansiedad. El mantener una alimentación equilibrada, una higiene del sueño adecuada, disminuir el uso de las nuevas tecnologías, junto con el incremento del tiempo dedicado a realizar actividades placenteras y a la comunicación en las relaciones afectivas, favorecerá que podamos utilizar este período vacacional como fuente de descanso para nuestro cuerpo y mente. Las vacaciones son el momento perfecto para encontrar y disfrutar de tiempo dedicado exclusivamente a nosotros mismos. Es muy beneficioso para nuestra salud mental y para prevenir el estrés vacacional, el desarrollar un espacio personal en el que estemos tranquilos y sin presiones. Así que disfruta de tu tiempo libre y busca tiempo para ti. Es el mejor regalo que puedes darte durante las vacaciones.